El ghosting, la práctica de terminar abruptamente una relación (romántica, laboral o de amistad) cortando toda comunicación sin previo aviso ni explicación, se ha convertido en una característica definitoria de las nuevas generaciones en la era digital. Más que un simple acto de descortesía, este fenómeno es un síntoma de una patología social más profunda: la incapacidad colectiva para gestionar y honrar los ciclos de cierre de la vida.
En un entorno que prioriza la inmediatez y la autoexplotación —lo que denominamos la «sociedad del cansancio» o “sociedad del rendimiento” — se ha erosionado el valor del final y, con él, la aceptación de la pausa y el conflicto. En lugar de enfrentar la incomodidad inherente a un adiós (la conversación difícil, la responsabilidad emocional), la nueva generación a menudo elige la vía de escape más rápida: la evaporación.
La Evasión del Rito de Cierre
La experiencia de ser «ghosteado» no solo duele, sino que deja a la persona afectada en un estado de rumiación y ambigüedad constante, incapaz de pasar página. Este limbo emocional es la manifestación interpersonal de lo que ocurre a nivel individual y social cuando se eliminan los ritos de cierre.
La vida saludable depende intrínsecamente de reintroducir los ciclos de empezar y terminar. Al igual que el cerebro necesita un «Ritual de Apagado» de 30-60 minutos para facilitar la subida de melatonina y señalar el «fin del día», la psique necesita un ritual de clausura para señalar el fin de un vínculo. El ghosting priva a ambas partes de esta necesidad psíquica. Quien se va evita el dolor a corto plazo de la confrontación, pero también se niega a sí mismo el cierre que permite la madurez emocional. Quien se queda, se ve forzado a metabolizar una pérdida sin el anclaje de una explicación.
Del agotamiento laboral al colapso emocional
La causa del ghosting se encuentra, en parte, en la transferencia de hábitos. Si la sociedad moderna nos ha enseñado que el descanso no es un premio, sino una pérdida de tiempo, y que debemos estar productivos de manera perpetua, no es sorprendente que busquemos aplicar la misma lógica de eficiencia y evitación de pérdidas a nuestras vidas emocionales.
El material sugiere que incluso en el trabajo es vital «Marcar el Fin de la Tarea» con un pequeño ritual de cierre (guardar el portátil, hacer una lista) para evitar que la mente siga rumiando. Cuando esta habilidad de cierre psíquico se pierde en el día a día, el umbral de tolerancia para el cierre relacional se reduce a cero. La dificultad para cerrar un documento o una jornada se traduce en la incapacidad para cerrar una conexión humana. Se elige la deserción porque la cultura de la autoexplotación ha convertido la responsabilidad emocional en otra tarea a evitar.
Honrar el Ciclo y Reclamar la Sanación
No obstante, los ciclos de la vida son, por naturaleza, sanos. La vida humana está definida por fases que incluyen el encuentro, el desarrollo, el conflicto y la separación. El duelo y la pena asociados a una ruptura son fases esenciales que permiten la consolidación de la memoria emocional y la regeneración neuronal, tal como el descanso lo hace para el rendimiento. Dar un inicio y un final claro a estos procesos les confiere significado, relevancia e importancia, separándolos de otros y dotándolos de una carga emocional y significativa diferente. Esta demarcación clara crea un territorio en el tiempo y el espacio que es posible revisitar y habitar, permitiendo la reflexión y la continua extracción de aprendizaje, en lugar de que los momentos se conviertan en una repetición sin territorio ni relevancia.
El ghosting es, en última instancia, un fallo en el reconocimiento de la salud de estos ciclos. Para contrarrestar su prevalencia, es vital volver a vivir en sintonía con nuestros ciclos internos. Esto implica restablecer los ritos de cierre en todos los niveles: desde el «ritual de apagado» nocturno hasta el «adiós» conversacional. Solo al honrar la necesidad de terminar y establecer fronteras claras, podemos asegurar que el descanso (y la sanación) no sea una excepción, sino una fase esencial que nos permita salir del agotamiento y la autoexplotación emocional.

blackarmor
Hace mucho me gustaba escribir, luego ocurrió la vida y desaparecí. Aquí estoy de vuelta, espero poder compartir con Uds. algunas luces que uno va divisando en la vida.


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