Vivimos en tiempos curiosos. Hoy, si ayudas a alguien, te miran raro. Si haces las cosas bien —sin trampas, sin “vivezas”— te llaman ingenuo. Y si eres amable, te dicen que “te van a pasar por encima”. Parece que la regla no escrita de la modernidad es: sé rápido, sé frío, sé tiburón.
Porque claro, ¿qué sentido tiene perder tiempo siendo buena persona cuando puedes “aprovechar oportunidades”? El problema es que en esta selva de trajes y sonrisas estratégicas, la empatía suena a una palabra vintage, algo que usaban nuestros abuelos junto con los pañuelos de tela.
La ironía es que todos queremos vivir en un mundo más justo, pero nadie quiere ser el primero en actuar con justicia. Todos piden respeto, pero pocos lo practican. Nos quejamos de la desconfianza, mientras aplaudimos al que “sabe moverse” aunque eso signifique pasar por encima de alguien más.
Y ahí estás tú, tratando de hacer lo correcto, confiando en que la coherencia todavía tiene valor… hasta que te das cuenta de que el sistema premia al más astuto, no al más íntegro. Que la bondad no da “likes”, ni contratos, ni ascensos.
Pero ¿sabés qué? En una sociedad que glorifica el egoísmo como si fuera inteligencia emocional, ser amable, justo o empático se convierte en una forma de resistencia. Tal vez ya no sea lo “inteligente”, pero sí sigue siendo lo humano.
Y como diría Billy Wilder, con esa lucidez que siempre duele un poco:
“Ninguna buena acción se queda sin castigo.”
Por Black Armor

blackarmor
Hace mucho me gustaba escribir, luego ocurrió la vida y desaparecí. Aquí estoy de vuelta, espero poder compartir con Uds. algunas luces que uno va divisando en la vida.


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