Para las generaciones habitantes de estas últimas épocas se ha convertido en una zona de intensa fricción emocional, un fenómeno que podríamos denominar el «Síndrome de la Vida Perfecta». El burnout en esta generación no es solo un cansancio derivado del exceso de horas; es una fatiga emocional nacida de la disonancia entre la realidad y la autoexigencia social. Es un estado de agotamiento crónico provocado por la necesidad constante de demostrar un éxito idealizado.
Realidad vs expectativa, un choque con lo real
Cuando entramos de lleno al ámbito laboral seguramente hemos observado un cambio, de “tengo trabajo” a un “estoy triunfando”, sin duda una mutación peligrosa en las expectativas. Ya no se trata solo de conseguir un buen empleo, sino de encontrar una «pasión» que sea, a la vez, rentable y socialmente admirable. La cultura del ‘hustle’ glorifica la sobrecarga y convierte el descanso en un síntoma de fracaso o falta de ambición. Nos sentimos de alguna manera (quizás si no es visible, en lo profundo de la psique) obligados a ser un sujeto de «alto rendimiento» desde el inicio, sacrificando el bienestar personal en el altar de la supuesta «excelencia».
La realidad es que la promesa de la realización rápida choca con estructuras laborales a menudo inflexibles y salarios que no compensan la dedicación. Esta contradicción genera una frustración persistente. Además, la expectativa de estar permanentemente disponible digitalmente, incluso fuera del horario de oficina, borra cualquier límite personal, dejándonos en un estado de fatiga por disponibilidad que es el caldo de cultivo para la desmotivación y el cinismo.
El espejo mentiroso
El gran amplificador de esta presión reside en el ecosistema digital, el simulacro de la simulación o quizás nuestra proyección del superyó en nuestra versión digital. Las plataformas sociales actúan como un laboratorio global de comparación social, donde solo se expone una versión cuidadosamente curada de la vida. Nuestro cerebro, al procesar este flujo interminable de viajes exóticos, logros profesionales y posiciones sociales envidiables, comienza a medir la vida real contra esta fantasía digital, aunque sepamos que es falso, una impostación de la realidad, nuestra mente va “alimentándose” a diario y normalizando como un estándar deseable de vida ese espejismo.
Esta presión no se limita al éxito laboral; se extiende a estándares de belleza y fitness irrealizables. El bombardeo de imágenes filtradas y retocadas nos obliga, de manera solapada y a nivel subconsciente a perseguir un ideal estético que es, inherentemente, insostenible. Nuestra valía personal queda ligada a la validación externa (los likes), creando una dependencia intermitente cuya ausencia provoca una aguda sensación de insuficiencia. La consecuencia es que nos sentimos constantemente «en falta» al comparar nuestra vida cotidiana con las versiones editadas de los demás.
El Colapso de la autenticidad
El burnout emocional es, en esencia, la manifestación de este esfuerzo agotador por sostener una identidad idealizada que es insostenible sin poder disfrutar o lograrlo como nuestra expectativa demanda. Nuestra energía se drena tratando de cumplir con el mandato de la productividad infinita y la belleza inmaculada. La consecuencia final es un estado de agotamiento emocional crónico, acompañado de despersonalización (el distanciamiento hacia las propias actividades) y una profunda reducción en la realización personal. Sentimos que, a pesar de todo el esfuerzo, estamos vacíos y estancados. La única vía de escape es redefinir el éxito fuera de la métrica de la exhibición y la hiper-productividad, priorizando la autenticidad y el bienestar interno con nuestras propias medidas, y comprender que a veces perder es ganar.
Ganar de verdad.
~~por Black Armor

blackarmor
Hace mucho me gustaba escribir, luego ocurrió la vida y desaparecí. Aquí estoy de vuelta, espero poder compartir con Uds. algunas luces que uno va divisando en la vida.


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