En mis días, aquellos días de albores y promesas, cuando el mundo se abría como un pergamino sin fin, mis ojos aún tejían sueños, anhelando desvelar la danza febril de la vida. Entonces, la virtud era un rocío recién caído, y la inocencia, un velo impoluto sobre el alma que apenas osaba arañar la roca del tiempo, intacta y sin cicatrices. Cada paso, un adiós a la caverna de las sombras platónicas, un latido creciente de valentía en el pecho.
Hoy, en la mitad de un sendero que se pierde en la niebla del infinito, la complejidad se ha vuelto el aliento de mis claridades. No busco ya un puerto para la gran pregunta, no; el fin, en su más pura desnudez, es el objeto mismo. Es como pretender beber el color de un amanecer o descifrar la temperatura de un recuerdo lejano.
En mis días pasados, sí, aquellos, la magia de la ignorancia era un bálsamo dulce, un velo de felicidad que me cubría. Hoy, la dicha no yace en el destino, sino en el viaje que me acerca, latido a latido, a mi propio centro, más allá de cualquier final.
~~por Black Armor

blackarmor
Hace mucho me gustaba escribir, luego ocurrió la vida y desaparecí. Aquí estoy de vuelta, espero poder compartir con Uds. algunas luces que uno va divisando en la vida.


Deja una respuesta