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Querer no es poder.

El lenguaje no puede mover montañas ni detener la lluvia. No transforma la materia. Pero sí puede cambiar algo mucho más profundo: cómo vemos el mundo y cómo nos ven los demás. El lenguaje construye realidad, pero no la externa —la de las piedras, los cuerpos y los árboles—, sino la interna: la de nuestras emociones, ideas, creencias y memorias.

Wittgenstein decía: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.” Y tenía razón. Si no tenemos palabras para algo, difícilmente lo entenderemos. Lo que no se nombra no existe para la mente. Y cuando nombramos, le damos forma a lo que sentimos, incluso a lo que somos. Por eso, no es lo mismo decir “estoy triste” que “estoy derrotado”. Las palabras abren o cierran posibilidades.

En psicología y sociología esto está muy claro: no hay identidad que no pase por el lenguaje. Nos formamos en medio de frases que otros dijeron sobre nosotros y que luego repetimos internamente. Un niño al que le dicen “torpe” lo será, al menos en su percepción. El lenguaje actúa como un espejo: devuelve una imagen, la refuerza y la vuelve real, al menos dentro de nosotros.

Pero cuidado: el lenguaje no lo puede todo. No cura enfermedades ni borra la pobreza. No basta con decir “estoy bien” para estarlo. Sin embargo, sí puede cambiar cómo enfrentamos esas situaciones. Viktor Frankl decía que siempre podemos elegir nuestra actitud, incluso en medio del sufrimiento. Esa elección pasa, muchas veces, por las palabras que usamos para contar lo que vivimos.

El lenguaje también define cómo nos perciben los demás. Judith Butler mostró que al nombrar a alguien, lo estamos formando. Llamar a alguien “peligroso”, “exitoso” o “fallido” no es neutro. Moldea su identidad, y la relación que tenemos con esa persona. Así, el lenguaje no describe la realidad: la performa.

Entonces, aunque no modifique la materia, el lenguaje tiene un poder profundo. Es la herramienta con la que interpretamos la vida. No inventa la luz, pero le da forma, como un prisma. Nos define, nos limita, nos libera. Y en ese acto de nombrar, nos transforma.

blackarmor

Hace mucho me gustaba escribir, luego ocurrió la vida y desaparecí. Aquí estoy de vuelta, espero poder compartir con Uds. algunas luces que uno va divisando en la vida.

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