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El engaño de lo bello

Si matas a una cucaracha, eres un héroe; si matas a una mariposa, eres un malvado. Esta frase me puso a pensar en una verdad bastante incómoda: nuestra brújula moral no siempre busca la justicia, sino que muchas veces se deja llevar por lo que nos parece bonito.

El sesgo de la belleza y nuestra empatía selectiva

A veces confundimos lo que sentimos con la «verdad absoluta». En psicología existe el Efecto Halo, esa maña que tenemos de asumir que lo que es bello es automáticamente bueno o merece vivir.

El peligro real es que nos convertimos en jueces de todo basándonos solo en nuestra reacción inmediata. Al final, dejamos de juzgar el hecho (quitar una vida) para juzgar la «cara» de la víctima.

Lo que dicen los libros (y lo que ignoramos)

Esta pelea entre la estética y la ética no es nueva, y varios autores ya nos daban pistas de este error:

  • Immanuel Kant: En su momento, exploró cómo lo bello y lo bueno se conectan. Pero ojo, también nos advirtió que si la belleza es el único requisito para que sintamos compasión, nuestra ética se vuelve superficial.
  • Ortega y Gasset: En La deshumanización del arte, reflexionaba sobre cómo el placer estético puede alejarnos de la realidad. Cuando nuestra moral depende de si algo es «lindo» o «feo», estamos ignorando nuestra responsabilidad ética hacia todo lo que no encaja en nuestro estándar de belleza.

Creo que lo más arriesgado es creer que nuestra forma de ver el mundo es la única que vale. Cuando hacemos eso, perdemos la capacidad de entender al «otro».

Tenemos que aprender a separar el gusto de la verdad. Para construir una sociedad más justa, hay que aceptar que ese asco que nos da la cucaracha o la admiración por la mariposa son solo respuestas biológicas, no veredictos morales.

El verdadero reto intelectual es reconocer nuestra reacción visceral y, aun así, ser capaces de decidir por encima de ella. Sentir asco por una cucaracha es natural; decidir que por ese asco su vida no vale nada es un prejuicio.

La justicia de verdad ocurre cuando somos capaces de defender algo que no nos gusta, simplemente porque es lo correcto. Al final del día, madurar es entender que el mundo no está obligado a ser bonito para merecer nuestro respeto.

blackarmor

Hace mucho me gustaba escribir, luego ocurrió la vida y desaparecí. Aquí estoy de vuelta, espero poder compartir con Uds. algunas luces que uno va divisando en la vida.

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