El derecho a habitar nuestro propio dolor
A menudo confundimos la empatía con la autoanulación. Existe una presión invisible que nos susurra que, para ser considerados «buenos», debemos priorizar siempre la tragedia mayor sobre nuestra dificultad cotidiana. Pero, ¿qué pasa cuando nuestra propia vida nos abruma mientras alguien cercano atraviesa una tormenta?
La falacia de la «Tragedia Relativa»
En psicología, solemos caer en la trampa de la validación relativa. El ejemplo más claro es el de una amiga que recientemente se encontraba en medio de una mudanza: cajas por doquier, trámites interminables y el agotamiento físico al límite. En medio de ese caos, un familiar cercano atravesaba una crisis de salud importante.
Ella se sentía profundamente egoísta. «¿Cómo puedo estar estresada por unas cajas cuando mi familiar está sufriendo?», se preguntaba. Lo que ella experimentaba es lo que el psicólogo Leon Festinger describió en su Teoría de la Comparación Social: tendemos a evaluar nuestro propio bienestar en relación con los demás. Sin embargo, cuando usamos esa comparación para silenciar nuestro estrés, caemos en la «descalificación de lo positivo», un sesgo cognitivo donde minimizamos nuestras propias experiencias porque «no son lo suficientemente graves».
El agotamiento no es un concurso
Sentirse mal porque las cosas no van bien para ti es una respuesta fisiológica real. El neurocientífico Robert Sapolsky, en su obra ¿Por qué las cebras no tienen úlcera?, explica que el sistema nervioso humano dispara la respuesta de estrés ante amenazas tanto físicas como psicológicas. Tu cuerpo no «lee» el contexto moral; simplemente detecta que estás al límite.
Los problemas de los demás no cancelan los tuyos. Como bien decía el psiquiatra Viktor Frankl:
«El sufrimiento humano es como el gas: se expande hasta llenar por completo el alma y el espíritu, sin importar si el motivo es grande o pequeño».
Por tanto, el tamaño del detonante no define la validez de tu angustia.
La alteridad: Tus estudios y los del otro
Esta validación también se aplica al plano intelectual y personal. A menudo creemos que si alguien posee una trayectoria más vasta, nuestro propio camino queda invalidado. Pero, como sugiere el concepto de «Saber Situado» de la filósofa Donna Haraway, cada persona tiene una perspectiva única que es inaccesible para los demás.
La profundidad de uno no anula la perspectiva del otro. El hecho de que otra persona haya estudiado o vivido más no hace que tu búsqueda o tus descubrimientos sean falsos. La verdad no es un recurso limitado que se agota cuando alguien más la reclama.
Conclusión: El límite saludable
La verdadera salud emocional radica en entender que puedes sostener dos verdades al mismo tiempo:
- Tu familiar necesita apoyo y su situación es objetivamente grave.
- Tu mudanza (o tu cansancio cotidiano) te tiene al límite de tus fuerzas.
Validar tu propio agobio no te quita humanidad; al contrario, te protege del «desgaste por empatía» (compassion fatigue). Solo cuando aceptamos que nuestro dolor es real, independientemente de lo que pase a nuestro alrededor, podemos ofrecer una presencia auténtica y no un sacrificio nacido de la culpa.

blackarmor
Hace mucho me gustaba escribir, luego ocurrió la vida y desaparecí. Aquí estoy de vuelta, espero poder compartir con Uds. algunas luces que uno va divisando en la vida.


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