Textos de opinión, columnas y reflexiones, una pausa sin culpa en la sociedad del rendimiento.

Scroll, sin salida.

Venía escuchando un podcast esta mañana, me levanté especialmente animado para echar a perder mi día con un poco de análisis de la economía nacional. De pronto, escucho algo relacionado con los sistemas de producción que me hace pensar en cómo el mito de Sísifo hoy forma parte de nuestra realidad. Ya no es necesariamente una carga que soporta nuestra psique como un castigo o una tortura de nunca acabar; se ha transformado en un mecanismo cotidiano, casi imperceptible.

Tal como ocurre en Ghost in the Shell, no es que perdamos el alma, sino la memoria de esta, convirtiéndonos en cuerpos habitados por un vacío sin sentido. En nuestro entorno cotidiano es evidente la pérdida del sentido de vivir y la falta de valores que verdaderamente contribuyan, pues todo apunta de forma narcisista hacia uno mismo. Estudiamos y trabajamos todo el día, adormeciendo una mente incapaz de sumergirse en el pensamiento profundo, lejos de toda crítica y de todo análisis real.

El nuevo hámster digital y la falsa felicidad

El scroll infinito nos transforma en los nuevos hámsters de la modernidad, haciéndonos creer que hacemos algo productivo, que avanzamos hacia un destino, cuando en realidad no es más que otro síntoma de la vita activa: el avanzar por avanzar, desprovisto de creatividad y profundidad. Esto incentiva a que los propios prisioneros sigan construyendo sus barrotes a través de la retención y los likes. Un negocio redondo que las redes sociales conocen bien, donde unos actúan como prisioneros de la validación, creando contenidos para evitar que otros logren escapar del flujo interminable de pantallas (y como siempre, las marcas intentando sumarse a la tendencia, terminando por arruinarlo todo, aunque ese sea tema para otra columna).

Esta dinámica encuentra un paralelismo inquietante en la literatura distópica. En Un mundo feliz de Aldous Huxley, la sociedad ha erradicado el sufrimiento y la reflexión profunda a cambio de una comodidad vacía y un consumo constante de estímulos superficiales. Allí se nos recuerda que la estabilidad artificial se sostiene bajo premisas donde «la verdad es una amenaza, la ciencia es un peligro público». Al igual que los ciudadanos condicionados de esa ficción, a veces estamos rodeados de tantas novedades que terminan por obnubilar nuestros sentidos; quizás sin mala intención, seguimos girando voluntariamente en la rueda del hámster, pidiendo siempre una vuelta más.

blackarmor

Hace mucho me gustaba escribir, luego ocurrió la vida y desaparecí. Aquí estoy de vuelta, espero poder compartir con Uds. algunas luces que uno va divisando en la vida.

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