Textos de opinión, columnas y reflexiones, una pausa sin culpa en la sociedad del rendimiento.

La libertad en el error

Vivimos en tiempos donde todo tiene que ser rápido, eficiente y sin fricción. Si algo se traba, lo arreglamos o lo eliminamos. Así funciona la era digital: fluidez total, cero obstáculos. Pero detrás de esa promesa de comodidad hay una idea más profunda —y más peligrosa—: la de que todo lo que no rinde o no produce, sobra.

En esta Sociedad del Rendimiento, ya no tenemos un jefe que nos presiona: somos nosotros mismos los que nos exigimos sin parar. Medimos nuestro valor por lo productivos que somos, por lo mucho que logramos hacer, por lo poco que descansamos. Nos convertimos en nuestro propio empleador y en nuestro propio explotador.

El problema es que esta obsesión por la eficiencia deja fuera algo esencial: el espacio para detenernos, pensar, equivocarnos o simplemente no hacer nada.
La cultura del “todo ahora” mata la pausa, la reflexión y el misterio. Queremos que todo sea transparente, visible, inmediato. Pero cuando todo se vuelve instantáneo y sin resistencia, el Otro desaparece: esa persona o experiencia distinta que nos reta, que nos obliga a salir de nosotros mismos, que nos enseña a mirar desde otro ángulo.

Y sin ese “Otro”, se apaga el Eros —esa energía vital que surge del deseo, de la curiosidad, del encuentro imperfecto.
Porque el deseo necesita distancia, esfuerzo, misterio. Si todo es accesible al instante, nada nos mueve de verdad.

La tecnología nos promete eliminar cualquier incomodidad: el silencio incómodo, la duda, la torpeza de hablar con alguien distinto. Pero justo ahí, en esas pequeñas fricciones, es donde realmente crecemos.
El viaje que no sale como esperabas, la conversación difícil, la confusión ante algo nuevo… son esas experiencias las que nos transforman. Nos enseñan empatía, paciencia y coraje.

Al reemplazar lo imperfecto por lo automático, lo incierto por lo predecible, nos vamos vaciando por dentro.
La vida no está hecha para ser optimizada, sino para ser vivida: con tropiezos, con errores, con momentos incómodos que se vuelven aprendizajes.

La imperfección no es un error del sistema; es el sistema.
Ahí está la aventura, la conexión real, el placer de descubrir sin saber del todo qué viene después.
Y tal vez, en vez de buscar la eficiencia total, deberíamos recuperar el derecho a demorarnos, a equivocarnos, a sentir.

~ por Black Armor

blackarmor

Hace mucho me gustaba escribir, luego ocurrió la vida y desaparecí. Aquí estoy de vuelta, espero poder compartir con Uds. algunas luces que uno va divisando en la vida.

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